Mientras todas las marcas corren detrás de los SUV, Kia se planta con un sedán que enamora al volante. Lo probamos una semana: cuesta 38.000 dólares, tiene 5 estrellas Latin NCAP y detalles que nos encantaron. Te contamos por qué nos costó devolverlo.
Hay autos que probás y te olvidás. Y hay autos que, cuando los devolvés, extrañás un poquito. El Kia K4 GT-Line entra en la segunda categoría. Lo tuvimos una semana y nos quedó claro que, aunque el mundo entero parezca haberse mudado a los SUV, el sedán todavía tiene mucho para decir. Sobre todo cuando está tan bien resuelto como este.
Una semana muy futbolera. Antes de entrar en lo técnico, tenemos que contarte algo: nuestra unidad de prueba no era un K4 cualquiera. Kia Argentina es sponsor del Mundial 2026, y el auto que manejamos estaba intervenido con detalles alentando a la Selección Argentina, obra del artista Chalo Demente. ¿El resultado? Imposible pasar desapercibidas.
En cada semáforo alguien lo señalaba. Nos pedían permiso para sacarse fotos, para filmarlo, y hasta hubo gente que se puso a cantar por la Selección al verlo pasar. Los chicos lo festejaban desde la vereda. Fue una semana de manejar repartiendo sonrisas, algo que no nos pasa seguido en un test drive. Aclarado el fenómeno futbolero, vamos al auto.
Más allá de la intervención mundialista, el K4 llama la atención por su diseño. Sigue la filosofía Opposites United de Kia: líneas marcadas, faros verticales inspirados en el EV9 (el SUV eléctrico insignia de la marca) y una silueta fastback, ese techo que baja en diagonal hacia la cola y le da un aire mucho más dinámico que el de un sedán tradicional. La versión GT-Line que probamos suma su propio kit deportivo: spoiler delantero, faldones laterales, difusor trasero, parrilla en negro brillante y llantas de 18 pulgadas con neumáticos 235/40. También se distingue del EX por los faros full LED, los antinieblas delanteros, las molduras plateadas en las ventanillas y el techo corredizo.
Un detalle que nos gustó mucho: las puertas traseras tienen el picaporte disimulado y un ángulo de apertura muy amplio, algo que se agradece cuando subís chicos, bolsos o a la abuela.
El interior es de lo más logrado del K4: materiales de buena calidad, tapizados en símil cuero bitono —el revestimiento color crema se roba las miradas— y una ambientación sobria pero para nada aburrida. El protagonismo se lo lleva el conjunto de tres pantallas integradas en un solo bastidor, que suman casi 30 pulgadas: el tablero digital de 12,3 pulgadas, la pantalla multimedia táctil de 12,3 con Apple CarPlay y Android Auto inalámbricos, y una tercera pantalla de 5 pulgadas dedicada al climatizador bizona. Todo se ve como una sola pieza, muy prolijo.
Tenemos que destacar que esa tercera pantalla del clima queda demasiado escondida detrás del volante. Vas a tener que inclinar la cabeza hacia la derecha para verla bien. Es un tema para acostumbrarse, una vez que lo sabés se convierte en intuitivo. Amamos que aunque muchas funciones pasan por la pantalla táctil, el climatizador y el audio conservan comandos físicos. Poder subir la temperatura sin sacar la vista del camino no tiene precio.
Las butacas delanteras tienen comandos eléctricos, calefacción y ventilación. En pleno frío polar de esta semana, los asientos calefaccionados fueron un mimo que agradecimos cada mañana. La posición de manejo es excelente: entre el ajuste en altura de la butaca y el doble reglaje de la columna de dirección, encontrás tu lugar enseguida, con muy buena visibilidad hacia adelante y lectura clara de toda la información. Y hablando de frío, hay una función que se convirtió en nuestra favorita de la semana: el encendido remoto desde la llave. Con solo apretar un botón podés arrancar el motor a más de 10 metros de distancia, así el auto se va calefaccionando mientras terminás el café. Nosotras lo probamos desde una terraza y prendió sin problema. Si lo guardás en tu casa o lo dejás cerca, es de esos mimos tecnológicos que una vez que los tenés, no querés soltar.
Sí, y es uno de sus puntos fuertes: con 4,71 metros de largo, 1,85 de ancho y 2,72 metros de distancia entre ejes, el K4 es el sedán más amplio de su categoría. Atrás el espacio es generoso, aunque la caída del techo fastback puede complicar a las pasajeras de más de 1,80 metros. El baúl ofrece 508 litros, con portón grande que también se abre desde adentro y respaldos traseros rebatibles 60/40. Un detalle a tener en cuenta: los brazos que sostienen el portón ocupan lugar al cerrarlo, así que conviene no cargar hasta el tope justo en esa zona.
Vamos a lo que más nos gustó: manejarlo. El K4 GT-Line tiene un andar que enamora. Es cómodo, silencioso y confortable para el día a día en la ciudad, pero donde se disfruta de verdad es en la ruta. Es de esos autos que te dan ganas de inventar una escapada de fin de semana solo para seguir manejando.
El motor es un 2.0 atmosférico de 150 CV y 192 Nm de torque, con caja automática de 6 velocidades. No es un propulsor deportivo ni pretende serlo: está pensado para la confiabilidad y el uso cotidiano, con cambios suaves. El consumo del Kia K4 en nuestra semana de prueba promedió los 12 km por litro, una cifra muy razonable para un sedán de este tamaño.
Lo interesante es que el chasis está por encima del motor. La puesta a punto de dirección, frenos y suspensiones —independiente en ambos ejes, MacPherson adelante y Multi-Link atrás— se siente sobrada para esos 150 caballos. La dirección es rápida y precisa: liviana para maniobrar en el estacionamiento y segura cuando levantás el ritmo en la autopista. El auto va plantado en curva, absorbe bien los baches y transmite confianza todo el tiempo.
El Kia K4 obtuvo la calificación máxima de 5 estrellas en Latin NCAP, con 92% de protección para adultos, 90% para niños y 77% para peatones. Además fue distinguido como Top Safety Pick+ por el IIHS de Estados Unidos. Lo mejor es que casi todo el equipamiento de seguridad viene de serie en toda la gama: seis airbags, frenado autónomo de emergencia, control de crucero adaptativo con Stop & Go, mantenimiento y seguimiento de carril, monitoreo de presión de neumáticos, sensor de atención al conductor, anclajes ISOFIX y freno multi-colisión, ese sistema que activa los frenos automáticamente después de un primer impacto para que el auto no siga moviéndose. También suma alerta de ocupación trasera, que avisa si quedó alguien en el asiento de atrás al apagar el auto.
La versión GT-Line agrega además el frenado autónomo por punto ciego y por tráfico cruzado trasero, muy útil cuando salís marcha atrás de una cochera sin visibilidad.
El Kia K4 se vende en Argentina en dos versiones, ambas importadas desde México: la EX, a 33.000 dólares, y la GT-Line, la que probamos, a 38.000 dólares. Las dos vienen con tapizado en cuero sintético y el grueso del equipamiento de seguridad de serie. La garantía es de 5 años o 100.000 kilómetros.
En su segmento compite con el Toyota Corolla, el Nissan Sentra, el Chery Arrizo 8 PHEV, el GAC Empow y el Baic U5/EU5, entre otros.
Los más:
Los menos:
Sí, vale la pena. Después del éxito del K3, que hizo que muchas volviéramos a poner a Kia en el radar, el K4 sube la apuesta: más grande, más tecnológico y con las máximas calificaciones de seguridad. Pero lo que lo hace especial no está en la ficha técnica: es ese equilibrio entre confort, dinámica y calidad que se siente al primer kilómetro. Si estás pensando en cambiar de auto y todavía no te convenciste de subirte a la moda SUV, el K4 GT-Line es la prueba de que un buen sedán sigue siendo una gran decisión. Vale la visita al concesionario.
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