El heredero del Kicks Play llega con caja automática en toda la gama y un nivel de seguridad poco común entre los SUV de su precio. Tomamos el volante durante una semana y te contamos nuestras sensaciones.
Lo primero que se nota al subirse al Nissan Kait es que no se siente un auto “de entrada”. Pasa el empedrado sin golpes, va silencioso en la autopista y, en la versión Exclusive que manejamos, trae asistencias de seguridad que varios rivales más caros no ofrecen. Además, las tres versiones tienen caja automática, y la gama arranca en $36.920.200 según la lista de octubre de 2026.
Si leíste nuestra nota de lanzamiento, ya sabés de dónde viene: el Kait es el viejo Kicks Play con cara nueva, más tecnología y bastante más seguridad. Se fabrica en Resende, en el estado de Río de Janeiro (Brasil), y quedó como el SUV de entrada de Nissan, un escalón por debajo del nuevo Kicks. A la gente le está gustando: en septiembre se patentaron 436 unidades, casi un 60% más que en agosto.
No es un auto nuevo desde cero. Usa la misma base, el mismo motor y la misma caja que el Kicks Play, y mide prácticamente lo mismo. Lo que cambió es el diseño por fuera y por dentro, y sobre todo el equipamiento. Para quien busca un SUV automático sin pagar 50 millones, esa es la noticia: un auto con mecánica conocida y probada, pero puesto al día.
El frente es lo que más se renovó. Los faros quedaron finitos y altos, con tres tiras de luz LED que le dan una firma bien reconocible de noche, y el capot tiene unos relieves marcados que se ven desde el asiento de la conductora. El resultado es más moderno y con más carácter que el Kicks Play.
De costado, en cambio, se nota que es el mismo auto de antes: puertas y silueta casi no cambiaron. Atrás aparecen ópticas más geométricas unidas por una franja oscura y el nombre KAIT en letras grandes y separadas, un recurso que lo hace ver más ancho. La versión Exclusive suma llantas de aleación de 17 pulgadas que le quedan muy bien. Se ofrece en blanco, gris plata, gris oscuro, negro y rojo.
Adelante el espacio es bueno y la visibilidad, muy buena: se ve bien hacia todos lados, algo que se agradece en la ciudad. El volante se regula en altura y profundidad y el asiento, aunque es de ajuste manual, permite encontrar rápido una buena posición. Las butacas usan la tecnología que Nissan llama Zero Gravity, pensada para que la espalda se canse menos en los viajes largos.
En las versiones Advance y Exclusive hay tablero digital de 7 pulgadas y una pantalla multimedia Pioneer de 9 pulgadas compatible con Android Auto y Apple CarPlay (para ver el celular en la pantalla del auto). La Exclusive suma cargador inalámbrico para el celular. Un detalle que no nos convenció: los accesos directos de la pantalla son unas teclas táctiles chiquitas en el borde, y manejando cuesta acertarles sin sacar la vista del camino. El clima, por suerte, se maneja con perillas y botones de verdad.
Los materiales están bien armados, pero abundan los plásticos duros: no es el punto fuerte del auto. Atrás hay dos puertos USB-C y respaldo rebatible 60/40, pero no hay salidas de aire. El espacio para las piernas es justo: dos adultos viajan bien, tres van apretados, y si adelante va alguien alto, el de atrás lo va a sentir. El baúl, en cambio, es de los grandes del segmento: 432 litros, con rueda de auxilio temporal abajo del piso. Entra el cochecito, las bolsas del súper y la valija sin pelear.
Todas las versiones traen seis airbags (adelante, laterales y de cortina), control de estabilidad y asistencias de manejo de serie. La Exclusive suma un paquete que no es habitual en este rango de precio: control crucero adaptativo (mantiene la distancia con el auto de adelante y frena solo si hace falta), alerta de punto ciego (avisa con una luz en el espejo si hay alguien donde no lo ves), alerta de tránsito cruzado al salir marcha atrás, aviso si te vas del carril, frenado automático trasero y cámara 360°, que muestra el auto desde arriba como si lo vieras con un dron. Para estacionar en lugares ajustados, esa cámara es de lo mejor del auto. También tiene anclajes ISOFIX para sillitas. Todavía no tiene prueba de choque propia de Latin NCAP. El Kicks en el que se basa obtuvo cinco estrellas en 2025, pero el protocolo cambió desde entonces, así que habrá que esperar el resultado del Kait.
El motor es el mismo 1.6 naftero de 120 caballos que ya tenía el Kicks Play. No es nuevo, pero eso juega a favor: hace años que anda en miles de autos de la marca y tiene fama de confiable y de no dar sorpresas en el taller. Va con una caja automática que no tiene cambios marcados: el auto acelera de forma pareja, sin esos tironcitos de una automática común.
No es un auto rápido, ni pretende serlo: acelera de 0 a 100 km/h en unos 11 segundos, una cifra normal para el segmento. Tiene modo Sport, que no le agrega potencia pero mantiene el motor más arriba de vueltas para que responda antes; a 130 km/h, el motor pasa de girar a unas 2.450 vueltas a cerca de 4.000, así que conviene usarlo solo para un sobrepaso.
El consumo es la otra cara. En ciudad ronda los 11 litros cada 100 km, bastante para su tamaño, y con un tanque de 41 litros eso deja una autonomía urbana de unos 360 km. En ruta mejora mucho: a 100 km/h baja a algo más de 6 litros cada 100 km, y a 130 km/h queda entre 7,7 y 8,4 litros.
Conocido y confiable.
El 1.6 naftero de 120 caballos que ya tenía el Kicks Play.
Lo que más nos sorprendió fue el andar. Por el empedrado copia bien los pozos, sin golpes ni ruidos de suspensión ni de carrocería, y la buena altura del piso permite pasar cunetas y lomos de burro sin frenar casi a cero. En un tramo de tierra se mantuvo cómodo y estable. La dirección es suave para estacionar y firme en ruta. En la autopista el auto va silencioso, hasta que pisás a fondo para pasar a alguien: ahí la caja CVT hace subir el motor y se escucha.
Lo que más nos gustó: el confort de marcha, que se nota en el empedrado y en las calles rotas del día a día. La cámara 360°, que hace que estacionar en un lugar justo sea mucho más fácil. Y la cantidad de asistencias de seguridad que trae por lo que cuesta, junto a una mecánica conocida y confiable.
Lo que menos nos gustó: el espacio atrás, justo para tres adultos y sin salidas de aire. Los botones táctiles chiquitos de la pantalla, difíciles de usar en movimiento. Y el consumo en ciudad, alto para un auto de este tamaño, sumado a un motor al que le vendrían bien algunos caballos más en la ruta.
La gama tiene tres versiones, todas con el mismo motor 1.6 de 120 CV y caja automática CVT. La Sense cuesta $36.920.200 y es la puerta de entrada, con seis airbags y caja automática. La Advance, a $41.749.000, agrega el tablero digital y la pantalla Pioneer de 9 pulgadas. La Exclusive, a $46.779.000, suma las asistencias de manejo más completas, la cámara 360°, el cargador inalámbrico y las llantas de 17 pulgadas. La garantía es de tres años o 100.000 km.
Si lo que buscás es un SUV automático, seguro, cómodo para la ciudad y con un baúl generoso, el Kait merece una prueba de manejo, y la versión Advance puede ser el punto justo entre precio y equipamiento. Si en cambio viajás seguido con la familia completa atrás, sentate vos en el asiento trasero antes de decidir.
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