Es el SUV híbrido enchufable de BYD en Argentina: puede hacer hasta 100 km sin gastar nafta y supera los 1.000 km si sumás el tanque. Lo probamos en ciudad y ruta, y te contamos nuestras sensaciones.
¿Cuánto gastarías en nafta si la mitad de tus viajes los hicieras con electricidad? Con el BYD Song Pro la pregunta deja de ser teórica: puede hacer hasta 100 km sin encender el motor naftero y, cuando la batería se agota, sigue andando como un híbrido común. Es el modelo con el que BYD se ganó un lugar entre las marcas más vendidas del país en tiempo récord.
El Song Pro es un SUV mediano híbrido enchufable. Se vende en dos versiones, GL y GS, y en octubre de 2026 sus precios eran de US$35.490 y US$37.490 respectivamente. Nosotras manejamos la GS, la más completa.
Mide 4,74 metros de largo, casi lo mismo que una Ford Territory. Tiene líneas prolijas, proporciones clásicas y detalles con terminación satinada en lugar de cromo brillante. No es un diseño que se recuerde a la primera, pero envejece bien y no cansa. Si buscás un auto que pase desapercibido en el estacionamiento y que se vea bien cuidado, este cumple. Las ópticas son full LED y las llantas son de 18 pulgadas, con un neumático de perfil alto. Eso se agradece en las calles rotas de cualquier ciudad argentina.
Al abrir la puerta se nota el salto de calidad. Hay materiales blandos donde apoyás los brazos, buenas costuras y un ambiente que se siente de un segmento más arriba. Todo queda a mano. La butaca de la conductora se regula eléctricamente en seis posiciones, así que encontrar tu postura ideal lleva segundos, seas alta o bajita.
La pantalla central es de 12,8 pulgadas, se puede girar a vertical y responde rápido, como un buen celular. Tiene Apple CarPlay y Android Auto. Además, el auto viene conectado a internet, recibe actualizaciones a distancia y se maneja desde una app: podés prender el aire antes de bajar a la cochera o abrir las puertas con el teléfono. Frente a la conductora hay un tablero digital de 8,8 pulgadas que, en lugar de mostrar las vueltas del motor, muestra cuánta energía estás usando. Es un buen termómetro para aprender a manejar de forma más eficiente.
Atrás el piso es casi plano, así que quien va en el medio no pelea por el lugar de los pies. El espacio sobra para dos adultos y alcanza bien para tres. La GS suma techo panorámico con cortina y cargador inalámbrico para el celular.
Bajo el capot hay un motor naftero 1.5 de 105 CV y un motor eléctrico de 194 CV, que juntos entregan unos 218 CV. La clave está en la batería, que es más grande que la de un híbrido común y se carga enchufándola. En la GS tiene 18,3 kWh y la marca promete cerca de 100 km en modo 100% eléctrico. La GL lleva una batería más chica, de 12,9 kWh, que rinde unos 70 km.
En la práctica, el auto siempre intenta andar con la batería. Cuando se agota, o cuando le pedís mucha potencia de golpe, entra el motor naftero. A partir de ahí funciona como un híbrido tradicional, que igual gasta poco. Con el tanque de 52 litros lleno y la batería cargada, la autonomía total declarada supera los 1.000 km. La carga es sencilla. Con un cargador de pared en casa (wallbox), pasar de vacío a lleno lleva unas tres horas. También trae un cargador de emergencia que se enchufa a un tomacorriente común: tarda bastante más, pero te saca de un apuro.
Las dos versiones tienen seis airbags. La gran diferencia está en las asistencias a la conducción (las ayudas electrónicas que vigilan el camino por vos), y la mayoría vienen solo en la GS:
Por US$2.000 de diferencia, nuestra recomendación es clara: si podés estirarte, andá por la GS.
Lo primero que sorprende es el silencio. En la ciudad, con batería, el Song Pro se mueve como un eléctrico: arranca suave, sin vibraciones, y en el tráfico de todos los días eso relaja muchísimo. La respuesta al acelerador es inmediata, porque el motor eléctrico entrega toda su fuerza desde que lo tocás. Meterse en un hueco de la avenida o salir de un semáforo no requiere ningún esfuerzo.
En la ruta se siente firme y seguro. Acelera de 0 a 100 km/h en alrededor de 8 segundos, y los sobrepasos se hacen con confianza. La suspensión trasera independiente lo mantiene derecho en las curvas, sin ese balanceo que tienen algunos SUV altos. La dirección es liviana para estacionar y gana peso a medida que subís la velocidad.
Lo que no pudimos hacer fue aprovecharlo a fondo. No tenemos cargador en casa, así que la mayor parte de la prueba la hicimos con el auto funcionando como un híbrido común, que igual gasta poco. Pero queda clarísimo lo que se puede lograr: si tenés dónde enchufarlo de noche, podés pasar la semana sin cargar nafta y guardar el motor naftero para el viaje del finde. Ese es el verdadero negocio de este auto, y depende de que tengas dónde cargarlo.
Lo que más nos gustó: El andar en modo eléctrico en la ciudad: silencioso, suave y con una respuesta inmediata. Como no tenemos cargador en casa, lo disfrutamos mientras duró la batería con la que nos entregaron el auto, pero alcanzó para confirmar que, con carga diaria, cubre de sobra una jornada de trabajo, colegio y salidas. También nos gustó la calidad del interior, que se siente superior a lo que cuesta, y una pantalla que responde sin demoras y no te hace renegar mientras manejás.
Lo que menos nos gustó: La versión GL se queda corta en asistencias de seguridad para lo que cuesta, así que en la práctica casi te empuja a la GS. Además, el service se hace cada 12.000 km, más seguido que en los eléctricos puros de la marca, porque acá también hay un motor naftero que mantener. Y no trae rueda de auxilio, solo un kit para reparar pinchaduras, algo a tener en cuenta si salís seguido a la ruta.
El Song Pro se ofrece en dos versiones. La GL, a US$35.490, trae la batería de 12,9 kWh, seis airbags, faros LED, pantalla giratoria, climatizador automático, acceso y arranque sin llave y control crucero. La GS, a US$37.490, suma la batería grande de 18,3 kWh, todo el paquete de asistencias a la conducción, techo panorámico y cargador inalámbrico. Ambos precios corresponden a la lista de agosto de 2026 y no incluyen gastos de patentamiento.
Si tenés cochera con enchufe y hacés muchos kilómetros por la ciudad, el Song Pro es una de las formas más concretas de bajar el gasto en nafta sin renunciar a escaparte el fin de semana. Vale la pena ir a manejarlo, y pedir que te muestren cómo se carga.
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